Publicado en LA GACETA, 12/06/2017
En momentos en que la zafra azucarera comienza a tomar forma con la progresiva incorporación de ingenios al ciclo productivo, surge también una preocupación que se ha tornado cíclica entre los tucumanos: la contaminación y el daño ambiental que genera todo esta actividad industrial.
Se trata de los meses económicamente más importantes del año en Tucumán -junio-noviembre- en razón del fuerte movimiento comercial que genera, pero también es la época en la que reaparecen dañinas prácticas y hábitos de producción: el incendio de cañaverales, impulsados con la intención de abaratar costos y apurar la cosecha, la lluvia de cenizas que emergen desde las chimeneas o tuberías de los ingenios, el derrame de líquidos y desechos industriales sin control de esas fábricas, olores desagradables que inundan el ambiente, el descontrol en el manejo de la vinaza, ahora más alarmante en razón del incremento de la producción de etanol, los ruidos en muchos casos ensordecedores, el humo y el vapor que muchas veces que complican la calidad de vida de cientos de provincianos.
Es cierto que en estos últimos años, como consecuencia de la puesta en marcha de proyectos de inversión en la industria para controlar los daños ambientales -muchos de ellos con los casos con apoyo del Estado- este panorama ha ido relativamente modificándose, pero también es comprobable que el desarrollo de la zafra enciende los llamados de alerta en amplios sectores de la comunidad, en especial, entre las poblaciones que viven en las proximidades de las 15 plantas fabriles. Siguen frescos los recuerdos y los debates sobre la contaminación del río Salí y sus afluentes, a donde tributan la mayoría de los canales y las acequias que trasladan los desechos, como también el contencioso judicial que promovió el Gobierno de Santiago del Estero para enfrentar la contaminación de la cuenca que generan las industrias tucumanas. Una irresponsable mezcla de hábitos perniciosos por parte de los principales factores azucareros y la desatención y descontrol de las autoridades provinciales y nacionales han llevado la situación medio ambiental hasta límites increíbles, con directivos de empresas procesados y con renovadas exigencia de la opinión pública.
Hoy en día está claro que el cuidado y la protección del medio ambiente es perfectamente compatible con el desarrollo de la actividad industrial, su innovación y su crecimiento, a través de métodos más eficaces y limpios. Y la situación de la azucarera, determinante social y económicamente y multiplicadora de vitalidad para la provincia, tampoco debe ser una excepción. Ahora que el sector azucarero tiene por delante grandes posibilidades de un renovado crecimiento, con el aliento que genera la necesidad de una mayor producción de etanol y la cogeneración de energía, se descuenta que los ingenios se convertirán en polos de desarrollo y transformación.
Debería ser, entonces, motivo más que suficiente para que el Gobierno se proponga llevar adelante políticas y acciones estratégicas claras y efectivas y se ponga al hombro una campaña de control medioambiental con más compromiso y dedicación que el mostrado hasta hora; al tiempo que industriales, cañeros y operadores agrícolas de una vez por todas asuman sus responsabilidades en esta cuestión.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/733358/opinion/zafra-cuidado-medio-ambiente.html
En momentos en que la zafra azucarera comienza a tomar forma con la progresiva incorporación de ingenios al ciclo productivo, surge también una preocupación que se ha tornado cíclica entre los tucumanos: la contaminación y el daño ambiental que genera todo esta actividad industrial.
Se trata de los meses económicamente más importantes del año en Tucumán -junio-noviembre- en razón del fuerte movimiento comercial que genera, pero también es la época en la que reaparecen dañinas prácticas y hábitos de producción: el incendio de cañaverales, impulsados con la intención de abaratar costos y apurar la cosecha, la lluvia de cenizas que emergen desde las chimeneas o tuberías de los ingenios, el derrame de líquidos y desechos industriales sin control de esas fábricas, olores desagradables que inundan el ambiente, el descontrol en el manejo de la vinaza, ahora más alarmante en razón del incremento de la producción de etanol, los ruidos en muchos casos ensordecedores, el humo y el vapor que muchas veces que complican la calidad de vida de cientos de provincianos.
Es cierto que en estos últimos años, como consecuencia de la puesta en marcha de proyectos de inversión en la industria para controlar los daños ambientales -muchos de ellos con los casos con apoyo del Estado- este panorama ha ido relativamente modificándose, pero también es comprobable que el desarrollo de la zafra enciende los llamados de alerta en amplios sectores de la comunidad, en especial, entre las poblaciones que viven en las proximidades de las 15 plantas fabriles. Siguen frescos los recuerdos y los debates sobre la contaminación del río Salí y sus afluentes, a donde tributan la mayoría de los canales y las acequias que trasladan los desechos, como también el contencioso judicial que promovió el Gobierno de Santiago del Estero para enfrentar la contaminación de la cuenca que generan las industrias tucumanas. Una irresponsable mezcla de hábitos perniciosos por parte de los principales factores azucareros y la desatención y descontrol de las autoridades provinciales y nacionales han llevado la situación medio ambiental hasta límites increíbles, con directivos de empresas procesados y con renovadas exigencia de la opinión pública.
Hoy en día está claro que el cuidado y la protección del medio ambiente es perfectamente compatible con el desarrollo de la actividad industrial, su innovación y su crecimiento, a través de métodos más eficaces y limpios. Y la situación de la azucarera, determinante social y económicamente y multiplicadora de vitalidad para la provincia, tampoco debe ser una excepción. Ahora que el sector azucarero tiene por delante grandes posibilidades de un renovado crecimiento, con el aliento que genera la necesidad de una mayor producción de etanol y la cogeneración de energía, se descuenta que los ingenios se convertirán en polos de desarrollo y transformación.
Debería ser, entonces, motivo más que suficiente para que el Gobierno se proponga llevar adelante políticas y acciones estratégicas claras y efectivas y se ponga al hombro una campaña de control medioambiental con más compromiso y dedicación que el mostrado hasta hora; al tiempo que industriales, cañeros y operadores agrícolas de una vez por todas asuman sus responsabilidades en esta cuestión.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/733358/opinion/zafra-cuidado-medio-ambiente.html
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