Por Indalecio Francisco Sanchez
Publicado en LA GACETA, 03/05/2017
El limón puede ser ácido y dulce, según su variedad. Con la realidad sucede lo mismo. Esta fruta es la que en los últimos días sirvió para descomprimir una portada de noticias que en Tucumán venía siendo negra desde distintos puntos, en especial por todo lo que generaron las inundaciones: anegados, miles de personas que perdieron todo, impericia estatal para acercar ayuda de manera rápida y precisa, y un rifirrafe improductivo entre funcionarios locales y nacionales.
La citrícola no es cualquier actividad en esta provincia. Genera unos 40.000 empleos, factura U$S 800 millones anuales y en 2016 se produjeron 1,3 millón de toneladas. Que nuestra fruta fresca (somos los principales exportadores del mundo) ingrese a Estados Unidos significa varias cosas, que van desde la posibilidad de que otros mercados del mundo nos miren con cariño tras el aval del país del norte, pasando por una mayor inversión de los industriales hasta mejores condiciones laborales para los que participan de la cadena productiva. Esto último, porque los convenios globales exigen calidad en el producto y en las condiciones de trabajo de los que forman parte de esa industria, a tono con las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo. Este dato no es menor, teniendo en cuenta que el propio secretario del área en Tucumán, Roberto Palina, reconoce que apenas alrededor del 10% de los cosecheros está “en blanco”, algo que afirma viene tratando de revertir.
Hasta aquí, la parte “dulce” en torno del amarillo y jugoso producto. Hay otra menos auspiciosa y más ácida, que tiene que ver con la gestión política que se cuela alrededor de las negociaciones para el reingreso a EEUU y que lleva varios lustros.
....
http://www.lagaceta.com.ar/nota/728146/punto-vista/dulce-acida-realidad.html
Publicado en LA GACETA, 03/05/2017
El limón puede ser ácido y dulce, según su variedad. Con la realidad sucede lo mismo. Esta fruta es la que en los últimos días sirvió para descomprimir una portada de noticias que en Tucumán venía siendo negra desde distintos puntos, en especial por todo lo que generaron las inundaciones: anegados, miles de personas que perdieron todo, impericia estatal para acercar ayuda de manera rápida y precisa, y un rifirrafe improductivo entre funcionarios locales y nacionales.
La citrícola no es cualquier actividad en esta provincia. Genera unos 40.000 empleos, factura U$S 800 millones anuales y en 2016 se produjeron 1,3 millón de toneladas. Que nuestra fruta fresca (somos los principales exportadores del mundo) ingrese a Estados Unidos significa varias cosas, que van desde la posibilidad de que otros mercados del mundo nos miren con cariño tras el aval del país del norte, pasando por una mayor inversión de los industriales hasta mejores condiciones laborales para los que participan de la cadena productiva. Esto último, porque los convenios globales exigen calidad en el producto y en las condiciones de trabajo de los que forman parte de esa industria, a tono con las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo. Este dato no es menor, teniendo en cuenta que el propio secretario del área en Tucumán, Roberto Palina, reconoce que apenas alrededor del 10% de los cosecheros está “en blanco”, algo que afirma viene tratando de revertir.
Hasta aquí, la parte “dulce” en torno del amarillo y jugoso producto. Hay otra menos auspiciosa y más ácida, que tiene que ver con la gestión política que se cuela alrededor de las negociaciones para el reingreso a EEUU y que lleva varios lustros.
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http://www.lagaceta.com.ar/nota/728146/punto-vista/dulce-acida-realidad.html
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