Por Gustavo Rodríguez, publicado en LA GACETA, 17/07/2015
http://www.lagaceta.com.ar/blogs/haypique/646133/dolor-no-ser.html
La
verdad es que no dan ganas de escribir de pesca cuando se sufre tanto
por la contaminación. Este blog nació con la idea de transformarse en un
espacio para disfrutar de una actividad que se ama, que genera pasión y
contagia alegrías. ¿Está mal entonces hablar de cómo se está matando la
vida de los ríos tucumanos y, por ende, los santiagueños también? No,
para nada. Y ese no es más rotundo porque de alguna manera, por más que
muchas veces no se logre detener tanta locura, son los pescadores los
que envían sus fotos o testimonios para denunciar lo mal que está todo
esto.
¿Sirve de algo denunciar tanto si el Gobierno no hace absolutamente nada? Por supuesto que sirve. Y sirve porque cada una de esas imágenes que hablan por sí solas y transmiten los mismos desagradables aromas que percibe un lugareño o un pescador, algún día formarán parte de un registro de pruebas. Esos documentos, en el futuro, servirán de prueba para demostrar que el gobernador José Alperovich, sus funcionarios, los legisladores, los intendentes, los concejales y los delegados comunales poco hicieron para salvar el futuro de la provincia. Esa será una mancha que no podrán sacarse nunca. Un estigma que los acompañará por el resto de la vida.
¿Por qué no se hace algo para proteger nuestros recursos? Porque fundamentalmente hay otros intereses –especialmente económicos- que para este Gobierno es mucho más importante que la vida. Y no sólo ocurre con los recursos naturales, sino con el patrimonio histórico y cultural. Nunca antes la picota demolió tantos monumentos históricos como en este gobierno. El último escándalo que tuvo prensa nacional fue el enfrentamiento a tiros entre empresarios e integrantes de una comunidad aborigen por un pedazo de tierra, pero a pocos les importa que allí se encuentre una de las reservas arqueológicas más importantes del valle de Tafí.
¿Hasta dónde se llegará? Es difícil saberlo. Sí se puede decir que si no hay un rotundo cambio en política ambiental nada bueno ocurrirá. Lo más triste es que este Gobierno, que ya está partiendo, y los que aspiran a sucederlo, no tienen en su agenda estos problemas. Por eso es hora de hablar, denunciar y debatir. El futuro de los tucumanos está en juego. Nada menos.
¿Sirve de algo denunciar tanto si el Gobierno no hace absolutamente nada? Por supuesto que sirve. Y sirve porque cada una de esas imágenes que hablan por sí solas y transmiten los mismos desagradables aromas que percibe un lugareño o un pescador, algún día formarán parte de un registro de pruebas. Esos documentos, en el futuro, servirán de prueba para demostrar que el gobernador José Alperovich, sus funcionarios, los legisladores, los intendentes, los concejales y los delegados comunales poco hicieron para salvar el futuro de la provincia. Esa será una mancha que no podrán sacarse nunca. Un estigma que los acompañará por el resto de la vida.
¿Por qué no se hace algo para proteger nuestros recursos? Porque fundamentalmente hay otros intereses –especialmente económicos- que para este Gobierno es mucho más importante que la vida. Y no sólo ocurre con los recursos naturales, sino con el patrimonio histórico y cultural. Nunca antes la picota demolió tantos monumentos históricos como en este gobierno. El último escándalo que tuvo prensa nacional fue el enfrentamiento a tiros entre empresarios e integrantes de una comunidad aborigen por un pedazo de tierra, pero a pocos les importa que allí se encuentre una de las reservas arqueológicas más importantes del valle de Tafí.
¿Hasta dónde se llegará? Es difícil saberlo. Sí se puede decir que si no hay un rotundo cambio en política ambiental nada bueno ocurrirá. Lo más triste es que este Gobierno, que ya está partiendo, y los que aspiran a sucederlo, no tienen en su agenda estos problemas. Por eso es hora de hablar, denunciar y debatir. El futuro de los tucumanos está en juego. Nada menos.
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