Por Roberto Delgado, publicado en LA GACETA, 24/04/2015
A medida que avanza el otoño, el combo dramático de tormentas y desastres empieza a ceder y la sociedad pretende normalizarse tras un verano que fue un infierno de agua. Aún sofoca a las familias del extremo sureste; las arrasadas por el aluvión de agua y lodo en Graneros y La Madrid; las aisladas después del desborde de Escaba; y las que debieron abandonar la orilla del río Muerto, que a 40 días del desastre todavía viven en una escuela, esperando ser trasladadas a El Manantial. Otras miles de personas que perdieron todo en la sucesión de lluvias y crecientes que inutilizó 12 puentes en la provincia tratan de recomponer sus vidas, con mayor o menor ayuda oficial y con el gran aporte solidario de la gente.
Quedan preguntas sin responder: ¿Por qué sucedió esto? ¿Puede repetirse? Los funcionarios han perdido credibilidad. La cantinela de José Alperovich (“estamos trabajando, dando soluciones”), que repiten sin sentido sus seguidores, no explica lo sucedido. Quien debía dar razones, el secretario de Obras Públicas, Oscar Mirkin, no será interpelado y apenas ironizó con que no se han hecho todas las obras porque se dio prioridad a otras cosas. Después, todo el ejército gubernamental se refugió en la tesis de que fueron tormentas extraordinarias. “Ni Alperovich ni yo ni nadie manejamos la naturaleza. No es culpa de nadie”, argumentó el legislador José Alberto Conte, sólo conocido por el escándalo del desmonte en Arcadia. El director de Vialidad, Raúl Basilio, dijo que habrá que planificar obras más resistentes; y el ministro de Interior, Osvaldo Jaldo, recomendó a los de afuera a no criticar desde el bar.
Pero las soluciones son coyunturales y la inacción de años sigue. Basta ver el Canal Sur, sacudido por tres desbordes desde febrero. El director del Agua, Juan Sirimaldi, dijo en febrero que se esperaba llegar a abril para licitar el arreglo de ese desagüe. Se termina abril y ahí está el canal con sus losas rotas, lleno de basura y troncos.
El agua no pasó en vano. Los expertos han dado alarmantes diagnósticos, mientras los funcionarios se esconden o bien encuentran chivos expiatorios, como la Hidroeléctrica que administra el dique de Escaba, que se derramó sobre Graneros y La Madrid el 12 de abril.
Los ingenieros Franklin Adler y José Domián, por separado, han cuestionado la costosa obra del canal del Boulevard 9 de Julio. Cuesta 176 millones de pesos y ellos aseguran que, por estar dirigido hacia el saturado canal Sur, será inservible y contribuirá a generar más inundaciones. Ellos y el ingeniero Roberto Lazarte Sfer (quien participó en el “informe Pagani” realizado por la UNT en 2012 sobre los problemas del agua en la sierra de San Javier, dicen que el sistema de desagües actual y el proyectado no siguen el recorrido natural y que los planes para cambiar esto duermen en la Dirección del Agua. De acuerdo a sus opiniones, no se entiende por qué se aprobó la obra del canal del boulevard, que el intendente de Yerba Buena, Daniel Toledo, defiende como fundamental de su gestión.
Toledo primero acusó a la UNT de autorizar 15 canteras para extracción de áridos del río Muerto y el arroyo Las Cañas. Fue desmentido. “El municipio de Yerba Buena es el único que está trabajando en el Río Muerto, a pesar de la prohibición”, le respondieron el secretario de Extensión, Gustavo Adolfo Vitulli, y los directores del parque Sierra de San Javier, Rubén de la Orden y Manuel Imbert. En 2011, la UNT revocó todos los permisos de paso por la jurisdicción de camiones que retiraban áridos de los cauces de ríos del área protegida. Y desde 2012 una resolución de Minería de la provincia prohíbe canteras.
No obstante, Yerba Buena ha seguido usando esos áridos. Toledo mismo se enorgullece de haber pavimentado 1.700 cuadras (y promete 100 más), pero no hizo desagües. “En ninguna ciudad sensata se pavimenta antes de hacer los desagües. Lo que están haciendo es un crimen ecológico”, dijo Domián. Y añadió: “han destruido todo el piedemonte, desde Villa Carmela hasta el country Los Azahares”. Para defenderse, el intendente explicó que el Ministerio de Desarrollo Productivo es el que autoriza permisos de construcción en el piedemonte; pero no aclara cómo es posible que, teniendo Yerba Buena un Código de Planeamiento que establece claramente zonas amarillas y rojas para evitar el desenfreno de la construcción, se hayan invadido las laderas del cerro, como señala Domián.
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http://www.lagaceta.com.ar/nota/634807/opinion/sobre-llovido-desgobernado.html
A medida que avanza el otoño, el combo dramático de tormentas y desastres empieza a ceder y la sociedad pretende normalizarse tras un verano que fue un infierno de agua. Aún sofoca a las familias del extremo sureste; las arrasadas por el aluvión de agua y lodo en Graneros y La Madrid; las aisladas después del desborde de Escaba; y las que debieron abandonar la orilla del río Muerto, que a 40 días del desastre todavía viven en una escuela, esperando ser trasladadas a El Manantial. Otras miles de personas que perdieron todo en la sucesión de lluvias y crecientes que inutilizó 12 puentes en la provincia tratan de recomponer sus vidas, con mayor o menor ayuda oficial y con el gran aporte solidario de la gente.
Quedan preguntas sin responder: ¿Por qué sucedió esto? ¿Puede repetirse? Los funcionarios han perdido credibilidad. La cantinela de José Alperovich (“estamos trabajando, dando soluciones”), que repiten sin sentido sus seguidores, no explica lo sucedido. Quien debía dar razones, el secretario de Obras Públicas, Oscar Mirkin, no será interpelado y apenas ironizó con que no se han hecho todas las obras porque se dio prioridad a otras cosas. Después, todo el ejército gubernamental se refugió en la tesis de que fueron tormentas extraordinarias. “Ni Alperovich ni yo ni nadie manejamos la naturaleza. No es culpa de nadie”, argumentó el legislador José Alberto Conte, sólo conocido por el escándalo del desmonte en Arcadia. El director de Vialidad, Raúl Basilio, dijo que habrá que planificar obras más resistentes; y el ministro de Interior, Osvaldo Jaldo, recomendó a los de afuera a no criticar desde el bar.
Pero las soluciones son coyunturales y la inacción de años sigue. Basta ver el Canal Sur, sacudido por tres desbordes desde febrero. El director del Agua, Juan Sirimaldi, dijo en febrero que se esperaba llegar a abril para licitar el arreglo de ese desagüe. Se termina abril y ahí está el canal con sus losas rotas, lleno de basura y troncos.
El agua no pasó en vano. Los expertos han dado alarmantes diagnósticos, mientras los funcionarios se esconden o bien encuentran chivos expiatorios, como la Hidroeléctrica que administra el dique de Escaba, que se derramó sobre Graneros y La Madrid el 12 de abril.
Los ingenieros Franklin Adler y José Domián, por separado, han cuestionado la costosa obra del canal del Boulevard 9 de Julio. Cuesta 176 millones de pesos y ellos aseguran que, por estar dirigido hacia el saturado canal Sur, será inservible y contribuirá a generar más inundaciones. Ellos y el ingeniero Roberto Lazarte Sfer (quien participó en el “informe Pagani” realizado por la UNT en 2012 sobre los problemas del agua en la sierra de San Javier, dicen que el sistema de desagües actual y el proyectado no siguen el recorrido natural y que los planes para cambiar esto duermen en la Dirección del Agua. De acuerdo a sus opiniones, no se entiende por qué se aprobó la obra del canal del boulevard, que el intendente de Yerba Buena, Daniel Toledo, defiende como fundamental de su gestión.
Toledo primero acusó a la UNT de autorizar 15 canteras para extracción de áridos del río Muerto y el arroyo Las Cañas. Fue desmentido. “El municipio de Yerba Buena es el único que está trabajando en el Río Muerto, a pesar de la prohibición”, le respondieron el secretario de Extensión, Gustavo Adolfo Vitulli, y los directores del parque Sierra de San Javier, Rubén de la Orden y Manuel Imbert. En 2011, la UNT revocó todos los permisos de paso por la jurisdicción de camiones que retiraban áridos de los cauces de ríos del área protegida. Y desde 2012 una resolución de Minería de la provincia prohíbe canteras.
No obstante, Yerba Buena ha seguido usando esos áridos. Toledo mismo se enorgullece de haber pavimentado 1.700 cuadras (y promete 100 más), pero no hizo desagües. “En ninguna ciudad sensata se pavimenta antes de hacer los desagües. Lo que están haciendo es un crimen ecológico”, dijo Domián. Y añadió: “han destruido todo el piedemonte, desde Villa Carmela hasta el country Los Azahares”. Para defenderse, el intendente explicó que el Ministerio de Desarrollo Productivo es el que autoriza permisos de construcción en el piedemonte; pero no aclara cómo es posible que, teniendo Yerba Buena un Código de Planeamiento que establece claramente zonas amarillas y rojas para evitar el desenfreno de la construcción, se hayan invadido las laderas del cerro, como señala Domián.
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http://www.lagaceta.com.ar/nota/634807/opinion/sobre-llovido-desgobernado.html
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