Publicado en LA GACETA, 07/04/2015
Para cruzar hay que armarse de valor. El cauce es ancho y bastante profundo; las aguas son de color marrón oscuro. En Melcho, ubicado en el departamento de Simoca, el río Gastona creció tanto que convirtió a la calle de entrada en un muro natural de agua, situación que impide a los pobladores estar conectados con el mundo exterior.
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“Ahora que pasó lo peor vemos mucha afectación psicológica en la gente. Viven con mucha angustia, con miedo a que en cualquier momento vuelva el agua. Se despiertan en medio de la noche sobresaltados. Además, hay muchas familias que continúan separadas en distintas viviendas de familiares porque perdieron todo”, describió.
Según Racedo, las pérdidas no sólo son materiales. Hay otras cuestiones, según dijo, no previstas e imposibles de reparar. “Uno de los efectos menos deseados es el impacto en la subjetividad de niños, adultos y ancianos: la angustia, desazón, la pérdida de referentes históricos de la familia: fotos y otros documentos”, explicó. “Hay un quiebre de la vida cotidiana, en los vínculos afectivos. Recuperar la normalidad será un proceso lento que, en primer lugar exige salir de la emergencia. Después, hay que ver todo lo colateral: las enfermedades, la mala alimentación, etcétera. Y el tercer paso es la reconstrucción. La gente manifiesta que no quiere volver a ser lo de antes. Muchos sienten que no hay futuro en ese lugar en el que viven, que tienen que irse. Reclaman que no sólo quieren recibir donaciones, sino que los escuchen y que los ayuden a plantear nuevos proyectos”, concluyó.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/632648/sociedad/hay-perdidas-son-imposibles-reparar.html
Para cruzar hay que armarse de valor. El cauce es ancho y bastante profundo; las aguas son de color marrón oscuro. En Melcho, ubicado en el departamento de Simoca, el río Gastona creció tanto que convirtió a la calle de entrada en un muro natural de agua, situación que impide a los pobladores estar conectados con el mundo exterior.
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“Ahora que pasó lo peor vemos mucha afectación psicológica en la gente. Viven con mucha angustia, con miedo a que en cualquier momento vuelva el agua. Se despiertan en medio de la noche sobresaltados. Además, hay muchas familias que continúan separadas en distintas viviendas de familiares porque perdieron todo”, describió.
Según Racedo, las pérdidas no sólo son materiales. Hay otras cuestiones, según dijo, no previstas e imposibles de reparar. “Uno de los efectos menos deseados es el impacto en la subjetividad de niños, adultos y ancianos: la angustia, desazón, la pérdida de referentes históricos de la familia: fotos y otros documentos”, explicó. “Hay un quiebre de la vida cotidiana, en los vínculos afectivos. Recuperar la normalidad será un proceso lento que, en primer lugar exige salir de la emergencia. Después, hay que ver todo lo colateral: las enfermedades, la mala alimentación, etcétera. Y el tercer paso es la reconstrucción. La gente manifiesta que no quiere volver a ser lo de antes. Muchos sienten que no hay futuro en ese lugar en el que viven, que tienen que irse. Reclaman que no sólo quieren recibir donaciones, sino que los escuchen y que los ayuden a plantear nuevos proyectos”, concluyó.
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