Por Federico Türpe
Hay mal olor. No son las adjudicaciones directas de obras públicas a empresas, sospechosamente vinculadas al buró gobernante, con domicilios legales donde moran parientes de funcionarios, choripaneros o albañiles. Ni los sobreprecios, ni el asfalto que dura cuatro tormentas, ni las casas que se adjudican a gente que no las necesita, más que para hacer negocios.
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Algo huele horrible en Tucumán. No son las toneladas de basura desparramadas por toda la ciudad, ni los accesos terrestres más feos, sucios y descuidados de todo el país; ni la disminución alarmante de espacios verdes, en una metrópolis donde el único código de planeamiento urbano que se respeta es el que impone el mercado inmobiliario. Tampoco es la tala indiscriminada ni el desmonte de los patrones de la soja, incluso de tierras fiscales, mientras en Casa de Gobierno se hacen los distraídos.
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Algo huele muy mal en Tucumán y no son las cloacas colapsadas, ni la falta de agua en vastas zonas de la capital y del interior. Ni los cortes de luz recurrentes en verano. Ni la contaminación de los ríos y del aire, que se agrava durante los cinco meses de la zafra a niveles escandalosos.
Nos referimos, en cambio, a ese olor nauseabundo, putrefacto, que ningún funcionario ni técnico consultados por este diario supo responder de dónde proviene -muy similar a la vinaza- y que vienen soportando los tucumanos desde hace varios días. Un misterio, que quizás se explique en la sumatoria de tanta podredumbre junta.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/583791/opinion/algo-huele-mal-tucuman.html
Publicado en La Gaceta - 22 de Marzo 2014
Algo huele mal en Tucumán. No es la Justicia que archiva las causas que incomodan al Gobierno y a sus socios políticos y comerciales; ni los ascensos discrecionales de familiares, amigos, novios y choferes en Tribunales.Hay mal olor. No son las adjudicaciones directas de obras públicas a empresas, sospechosamente vinculadas al buró gobernante, con domicilios legales donde moran parientes de funcionarios, choripaneros o albañiles. Ni los sobreprecios, ni el asfalto que dura cuatro tormentas, ni las casas que se adjudican a gente que no las necesita, más que para hacer negocios.
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Algo huele horrible en Tucumán. No son las toneladas de basura desparramadas por toda la ciudad, ni los accesos terrestres más feos, sucios y descuidados de todo el país; ni la disminución alarmante de espacios verdes, en una metrópolis donde el único código de planeamiento urbano que se respeta es el que impone el mercado inmobiliario. Tampoco es la tala indiscriminada ni el desmonte de los patrones de la soja, incluso de tierras fiscales, mientras en Casa de Gobierno se hacen los distraídos.
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Algo huele muy mal en Tucumán y no son las cloacas colapsadas, ni la falta de agua en vastas zonas de la capital y del interior. Ni los cortes de luz recurrentes en verano. Ni la contaminación de los ríos y del aire, que se agrava durante los cinco meses de la zafra a niveles escandalosos.
Nos referimos, en cambio, a ese olor nauseabundo, putrefacto, que ningún funcionario ni técnico consultados por este diario supo responder de dónde proviene -muy similar a la vinaza- y que vienen soportando los tucumanos desde hace varios días. Un misterio, que quizás se explique en la sumatoria de tanta podredumbre junta.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/583791/opinion/algo-huele-mal-tucuman.html
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