Publicado en EL CRONISTA, 19/07/2017
por MARIANO BELDYK
Los biocombustibles son una oportunidad de negocios hoy y, mucho mayor aún, en los años por venir. Su uso se impone como opción sustentable en un mundo que exige cada vez más respuestas eficientes y amigables con el ambiente. En este sentido, la Argentina tiene una gran capacidad ociosa en generación de valor agregado energético a su producción primaria. Incentivarla sería la respuesta obvia para esta demanda que crece. Aun así, todo apunta a que el Gobierno nacional pondrá en stand by la prometida expansión del bioetanol mientras contempla cómo uno de sus productos estrella, el biodiésel, pierde su casi único y más vital mercado con un muro que se levanta inexorable en la frontera de los Estados Unidos.
En junio pasado, los gobernadores de Tucumán y Córdoba, Juan Manzur y Juan Schiaretti, exigieron por carta al ministro de Energía, Juan José Aranguren, que concrete el demorado aumento de tres puntos para la industria del bioetanol que llevaría el corte en las naftas al 15%. El Gobierno trabajaba hace tiempo en esa dirección por pedido de los zafreros del noroeste. Pero, en los últimos meses, se apilaron los intereses cruzados de sectores que no ven con buenos ojos esos puntos extra y, a decir de algunos funcionarios, tampoco les cayó del todo bien la movida política de los gobernadores.
Petroleras y automotrices son dos de los lobbies que más presión imprimen para que el Gobierno pise el freno. Las primeras ya no solo pelean para balancear costos operativos con ganancias cada vez más estrechas por la baja del barril internacional, sino que temen perder terreno frente a los biocombustibles si no intervienen. Las automotrices, a su vez, rechazan el plan bajo el argumento de que el parque actual no está preparado para trabajar con esa nueva calidad de combustible, por lo que puede acarrear dificultades mecánicas. Proponen, en cambio, avanzar hacia un sistema mucho más complejo de flex fuel del tipo brasileño, aunque a mediano plazo. En el ínterin, depositan sus esperanzas en que el examen de emisiones contaminantes a cargo de Ambiente arroje un nivel de óxido nitroso superior al permitido por la norma europea que rige en el país; así, el plan de los tres puntos quedaría descartado.
Los biocombustibles nacen de la biomasa y, en la Argentina, son dos las matrices más desarrolladas: el bioetanol, a partir de la fermentación de los azúcares contenidos en la materia orgánica de las plantas, puntualmente, caña de azúcar y maíz; y el biodiésel, extraído de la soja. A nivel interno, la producción de uno y otro van casi de la mano: en 2016, el bioetanol rozó los 900.000 metros cúbicos (m3), mientras que el biodiésel fue apenas superior, con 1 millón de m3. Es en la venta al exterior donde divergen: al tiempo que el bioetanol no registra, el biodiésel dobla y más su consumo local con un total de 1,6 millón m3 el año pasado.
La Ley 26.093, de 2006, estableció un régimen de promoción de biocombustibles a través de incentivos para la instalación de plantas y el establecimiento de un corte obligatorio del 5%, tanto en el gasoil como en los diversos tipos de nafta, vigente desde 2010. Además, fijó en la autoridad de aplicación la potestad de ampliar ese corte en función de la evolución de las variables del mercado, tal como sucedió.
"Con el etanol tenemos bastante claro hacia donde apuntamos. Con el biodiésel, por el contrario, los Estados Unidos nos cambió el tablero, lo que puede abrir modificaciones en la estrategia", comenta Mariano Lechardoy, subsecretario de Bioindustria, para quien "los biocombustibles en la Argentina están vistos como una alternativa muy madura, con tecnología muy bien instalada, mercados muy regulados donde se compiten en cupos y precios con los hidrocarburos porque se sabe cuánto entrega cada uno y a qué precio". El Estado fija precios iguales para todos y cantidades diferentes según la empresa.
...
Séptimo productor
Los productores de este combustible destilado también afirman tener una mayor capacidad de producción que la autorizada. Hablan de 1,2 millón m3, casi una tercera parte más de los 900.000 registrados en 2016. Por eso, le demandan al Gobierno luz verde para incrementar la producción. Aunque mucho menos desarrollado que el biodiésel, la inclusión del maíz como insumo energético potenció su producción a nivel local al punto de casi empardar al biodiésel en el mercado doméstico.
En 2010, la totalidad de la producción estaba basada en el azúcar (173.000 m3). A partir de 2013, el etanol de maíz ya registraba una producción de 167.000 m3 frente al doble azucarero. Solo 12 meses después, las medidas se habían invertido y el maíz superaba a la azúcar como insumo dominante para destilación. El presidente Mauricio Macri otorgó dos puntos extras al bioetanol azucarero elevando el corte del 10 al 12%, para auxiliar a la producción zafrera del norte a inicios del año pasado.
"Después de la quita de las retenciones, fue la mayor transferencia que el Estado dio al sector del agro", sugiere Lechardoy. "Que el precio de la bolsa de azúcar de 50 kilos, que es la unidad de medida tradicional en la zona, aumentara su valor, se convierte en un ingreso tangible para el productor. Con esta corrección, el mercado interno quedó distribuido en mitades para el etanol de azúcar y maíz", añade. En 2016, el 55% de la producción de bioetanol fue de origen maicero y el 45%, azucarero.
Además, se destinó, en cupos, los dos puntos extras a los ingenios con posibilidad de producir pero que aún no lo hacían, con el compromiso de que realizarían las inversiones necesarias para destilar la melaza y producir a futuro. Lejos de las 35 firmas registradas para producir biodiésel, las que figuran en el listado activo del MINEM son 14, de las cuales nueve atañen a ingenios de Salta, Tucumán y Jujuy. Son, en su mayoría, emprendimientos de mayor o menor tamaño pero de alcance regional.
En cambio, entre las cinco productoras de bioetanol de maíz que concentran cupos superiores al de los zafreros, emerge una vez más una transnacional, Bunge, con el sello Promaíz, en Córdoba, la planta de mayor capacidad. El resto lo constituyen cooperativistas como ACA Bio Cooperativa Limitada, de la Asociación de Cooperativas Argentinas de Villa María, Bio 4, conformada por 28 socios agropecuarios de Río Cuarto y alrededores, y las familiares Vicentín (Santa Fe) y Diaser (San Luis).
La totalidad del bioetanol se consume en la venta al corte, no se exporta. Aunque hay quienes sueñan con hacerlo, el Gobierno lo ve complicado dados los márgenes de competencia que manejan actores como Brasil, cuya capacidad instalada es mucho mayor, haciendo su bioetanol más económico. También pesan sus aceitados lazos con los Estados Unidos, el productor dominante que duplica la capacidad brasileña como segundo en el ránking.
Julio Calzada y Federico Di Yenno, especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario, fueron categóricos en cuanto a los tamaños de la Argentina -séptimo productor- y los Estados Unidos: "La supremacía en este segmento industrial es clara, absoluta y contundente". El país del norte tiene 198 plantas capaces de producir una media de 58 millones m3 al año. Solo la más grande, ubicada en Decaturtiene, puede producir 1,4 millones m3, 10 veces más que la nacional de mayor potencial (Compañía Bioenergética La Florida, de 150.000 m3).
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https://www.cronista.com/especiales/Biocombustibles-por-que-el-Gobierno-puede-convertirse-en-el-peor-enemigo--20170719-0004.html
por MARIANO BELDYK
Los biocombustibles son una oportunidad de negocios hoy y, mucho mayor aún, en los años por venir. Su uso se impone como opción sustentable en un mundo que exige cada vez más respuestas eficientes y amigables con el ambiente. En este sentido, la Argentina tiene una gran capacidad ociosa en generación de valor agregado energético a su producción primaria. Incentivarla sería la respuesta obvia para esta demanda que crece. Aun así, todo apunta a que el Gobierno nacional pondrá en stand by la prometida expansión del bioetanol mientras contempla cómo uno de sus productos estrella, el biodiésel, pierde su casi único y más vital mercado con un muro que se levanta inexorable en la frontera de los Estados Unidos.
En junio pasado, los gobernadores de Tucumán y Córdoba, Juan Manzur y Juan Schiaretti, exigieron por carta al ministro de Energía, Juan José Aranguren, que concrete el demorado aumento de tres puntos para la industria del bioetanol que llevaría el corte en las naftas al 15%. El Gobierno trabajaba hace tiempo en esa dirección por pedido de los zafreros del noroeste. Pero, en los últimos meses, se apilaron los intereses cruzados de sectores que no ven con buenos ojos esos puntos extra y, a decir de algunos funcionarios, tampoco les cayó del todo bien la movida política de los gobernadores.
Petroleras y automotrices son dos de los lobbies que más presión imprimen para que el Gobierno pise el freno. Las primeras ya no solo pelean para balancear costos operativos con ganancias cada vez más estrechas por la baja del barril internacional, sino que temen perder terreno frente a los biocombustibles si no intervienen. Las automotrices, a su vez, rechazan el plan bajo el argumento de que el parque actual no está preparado para trabajar con esa nueva calidad de combustible, por lo que puede acarrear dificultades mecánicas. Proponen, en cambio, avanzar hacia un sistema mucho más complejo de flex fuel del tipo brasileño, aunque a mediano plazo. En el ínterin, depositan sus esperanzas en que el examen de emisiones contaminantes a cargo de Ambiente arroje un nivel de óxido nitroso superior al permitido por la norma europea que rige en el país; así, el plan de los tres puntos quedaría descartado.
Los biocombustibles nacen de la biomasa y, en la Argentina, son dos las matrices más desarrolladas: el bioetanol, a partir de la fermentación de los azúcares contenidos en la materia orgánica de las plantas, puntualmente, caña de azúcar y maíz; y el biodiésel, extraído de la soja. A nivel interno, la producción de uno y otro van casi de la mano: en 2016, el bioetanol rozó los 900.000 metros cúbicos (m3), mientras que el biodiésel fue apenas superior, con 1 millón de m3. Es en la venta al exterior donde divergen: al tiempo que el bioetanol no registra, el biodiésel dobla y más su consumo local con un total de 1,6 millón m3 el año pasado.
La Ley 26.093, de 2006, estableció un régimen de promoción de biocombustibles a través de incentivos para la instalación de plantas y el establecimiento de un corte obligatorio del 5%, tanto en el gasoil como en los diversos tipos de nafta, vigente desde 2010. Además, fijó en la autoridad de aplicación la potestad de ampliar ese corte en función de la evolución de las variables del mercado, tal como sucedió.
"Con el etanol tenemos bastante claro hacia donde apuntamos. Con el biodiésel, por el contrario, los Estados Unidos nos cambió el tablero, lo que puede abrir modificaciones en la estrategia", comenta Mariano Lechardoy, subsecretario de Bioindustria, para quien "los biocombustibles en la Argentina están vistos como una alternativa muy madura, con tecnología muy bien instalada, mercados muy regulados donde se compiten en cupos y precios con los hidrocarburos porque se sabe cuánto entrega cada uno y a qué precio". El Estado fija precios iguales para todos y cantidades diferentes según la empresa.
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Séptimo productor
Los productores de este combustible destilado también afirman tener una mayor capacidad de producción que la autorizada. Hablan de 1,2 millón m3, casi una tercera parte más de los 900.000 registrados en 2016. Por eso, le demandan al Gobierno luz verde para incrementar la producción. Aunque mucho menos desarrollado que el biodiésel, la inclusión del maíz como insumo energético potenció su producción a nivel local al punto de casi empardar al biodiésel en el mercado doméstico.
En 2010, la totalidad de la producción estaba basada en el azúcar (173.000 m3). A partir de 2013, el etanol de maíz ya registraba una producción de 167.000 m3 frente al doble azucarero. Solo 12 meses después, las medidas se habían invertido y el maíz superaba a la azúcar como insumo dominante para destilación. El presidente Mauricio Macri otorgó dos puntos extras al bioetanol azucarero elevando el corte del 10 al 12%, para auxiliar a la producción zafrera del norte a inicios del año pasado.
"Después de la quita de las retenciones, fue la mayor transferencia que el Estado dio al sector del agro", sugiere Lechardoy. "Que el precio de la bolsa de azúcar de 50 kilos, que es la unidad de medida tradicional en la zona, aumentara su valor, se convierte en un ingreso tangible para el productor. Con esta corrección, el mercado interno quedó distribuido en mitades para el etanol de azúcar y maíz", añade. En 2016, el 55% de la producción de bioetanol fue de origen maicero y el 45%, azucarero.
Además, se destinó, en cupos, los dos puntos extras a los ingenios con posibilidad de producir pero que aún no lo hacían, con el compromiso de que realizarían las inversiones necesarias para destilar la melaza y producir a futuro. Lejos de las 35 firmas registradas para producir biodiésel, las que figuran en el listado activo del MINEM son 14, de las cuales nueve atañen a ingenios de Salta, Tucumán y Jujuy. Son, en su mayoría, emprendimientos de mayor o menor tamaño pero de alcance regional.
En cambio, entre las cinco productoras de bioetanol de maíz que concentran cupos superiores al de los zafreros, emerge una vez más una transnacional, Bunge, con el sello Promaíz, en Córdoba, la planta de mayor capacidad. El resto lo constituyen cooperativistas como ACA Bio Cooperativa Limitada, de la Asociación de Cooperativas Argentinas de Villa María, Bio 4, conformada por 28 socios agropecuarios de Río Cuarto y alrededores, y las familiares Vicentín (Santa Fe) y Diaser (San Luis).
La totalidad del bioetanol se consume en la venta al corte, no se exporta. Aunque hay quienes sueñan con hacerlo, el Gobierno lo ve complicado dados los márgenes de competencia que manejan actores como Brasil, cuya capacidad instalada es mucho mayor, haciendo su bioetanol más económico. También pesan sus aceitados lazos con los Estados Unidos, el productor dominante que duplica la capacidad brasileña como segundo en el ránking.
Julio Calzada y Federico Di Yenno, especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario, fueron categóricos en cuanto a los tamaños de la Argentina -séptimo productor- y los Estados Unidos: "La supremacía en este segmento industrial es clara, absoluta y contundente". El país del norte tiene 198 plantas capaces de producir una media de 58 millones m3 al año. Solo la más grande, ubicada en Decaturtiene, puede producir 1,4 millones m3, 10 veces más que la nacional de mayor potencial (Compañía Bioenergética La Florida, de 150.000 m3).
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