Por Guillermo Monti
Publicado en LA GACETA, 06/01/2017
¿Qué hace un vecino de Las Talitas, Tafí Viejo, Alderetes o Banda del Río Salí cuando le cortan el agua? Corre a pedir respuestas inmediatas en el municipio. Le saltan a la yugular al intendente porque, lógico, es el que está a mano. Así, con la sangre en el ojo, acudieron los intendentes del conurbano a la reunión de emergencia convocada por el Gobierno el martes pasado. Toda esa carga de reclamos que reciben a diario se la trasladaron, sin eufemismos, al titular de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), Alfredo Calvo. La empresa, como cada verano, está en el ojo del huracán. Las explicaciones son más o menos las mismas desde hace años. Lo que no queda explicitado es cuál es el volumen de desinversión que acarrea el sistema, tan propenso a colapsar.
Los intendentes tampoco son carmelitas descalzas. La cadena de reponsabilidades los involucra. En el caso del agua corren con la ventaja de no ser los prestadores del servicio, pero al mismo tiempo permiten -y en varios casos alientan- la proliferación en sus territorios de asentamientos carentes de infraestructura. Carlos Najar se sinceró en LA GACETA del miércoles. “Lo que ocurre es que la SAT, para recibir el reclamo, exige la boleta de pago del servicio, entonces el vecino procura generar un conflicto hacia el municipio para que el municipio actúe, en vez de ir a la SAT”, sostuvo. Lo que quiso decir es que la mayoría de los vecinos que protestaban -30 manzanas, pertenecientes a varios barrios- no paga el agua. Pero en Las Talitas hay alrededor de 70.000 habitantes, ¿son todos morosos? ¿Cuántos ni siquiera están empadronados?
....
El miércoles a la tarde apareció la lluvia, tan esperada. Los cortes programados de energía quedaron en suspenso hasta que vuelva el calor. O sea que se producirán en cualquier momento. Estuvo lejos de caer una de esas tormentas que tanto conocemos, pero fue suficiente para que se inundaran calles y avenidas. Las nuevas peatonales no se salvaron, lo que demuestra que se quedaron cortos con los desagües, o que acumulan tanta basura que resulta imposible desagotar la zona en tiempo y forma. A fin de cuentas, el agua que falta por un lado sobra por el otro. Paradojas propias de un Tucumán hijo de la falta de planificación, en el que apostar a largo plazo es mala palabra. Lo peor es cuando, al cabo de tantos años al volante de la cosa pública, siguen pidiéndole al ciudadano que tenga paciencia.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/714165/opinion/tucuman-obsoleto-parchado.html
Publicado en LA GACETA, 06/01/2017
¿Qué hace un vecino de Las Talitas, Tafí Viejo, Alderetes o Banda del Río Salí cuando le cortan el agua? Corre a pedir respuestas inmediatas en el municipio. Le saltan a la yugular al intendente porque, lógico, es el que está a mano. Así, con la sangre en el ojo, acudieron los intendentes del conurbano a la reunión de emergencia convocada por el Gobierno el martes pasado. Toda esa carga de reclamos que reciben a diario se la trasladaron, sin eufemismos, al titular de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), Alfredo Calvo. La empresa, como cada verano, está en el ojo del huracán. Las explicaciones son más o menos las mismas desde hace años. Lo que no queda explicitado es cuál es el volumen de desinversión que acarrea el sistema, tan propenso a colapsar.
Los intendentes tampoco son carmelitas descalzas. La cadena de reponsabilidades los involucra. En el caso del agua corren con la ventaja de no ser los prestadores del servicio, pero al mismo tiempo permiten -y en varios casos alientan- la proliferación en sus territorios de asentamientos carentes de infraestructura. Carlos Najar se sinceró en LA GACETA del miércoles. “Lo que ocurre es que la SAT, para recibir el reclamo, exige la boleta de pago del servicio, entonces el vecino procura generar un conflicto hacia el municipio para que el municipio actúe, en vez de ir a la SAT”, sostuvo. Lo que quiso decir es que la mayoría de los vecinos que protestaban -30 manzanas, pertenecientes a varios barrios- no paga el agua. Pero en Las Talitas hay alrededor de 70.000 habitantes, ¿son todos morosos? ¿Cuántos ni siquiera están empadronados?
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El miércoles a la tarde apareció la lluvia, tan esperada. Los cortes programados de energía quedaron en suspenso hasta que vuelva el calor. O sea que se producirán en cualquier momento. Estuvo lejos de caer una de esas tormentas que tanto conocemos, pero fue suficiente para que se inundaran calles y avenidas. Las nuevas peatonales no se salvaron, lo que demuestra que se quedaron cortos con los desagües, o que acumulan tanta basura que resulta imposible desagotar la zona en tiempo y forma. A fin de cuentas, el agua que falta por un lado sobra por el otro. Paradojas propias de un Tucumán hijo de la falta de planificación, en el que apostar a largo plazo es mala palabra. Lo peor es cuando, al cabo de tantos años al volante de la cosa pública, siguen pidiéndole al ciudadano que tenga paciencia.
http://www.lagaceta.com.ar/nota/714165/opinion/tucuman-obsoleto-parchado.html
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