Por Roberto Delgado, publicado en LA GACETA, 04/06/2016
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Diez organismos dispersos
Este tema del agua en concreto fue objeto de análisis el miércoles pasado en la Federación Económica de Tucumán. No estuvo ningún ministro ni funcionario de alto rango para explicar por qué en Tucumán hay 10 organismos dedicados al agua y ninguno tiene poder de policía ni entidad suficiente como para imponer una política hídrica (tal como planteó en su disertación el ingeniero civil Franklin Adler), ni para decir qué pasará con la mayor cantidad de vinaza que se tirará al río Salí con el aumento del corte de etanol, tema sobre el que expresó preocupación el ingeniero agrónomo Jorge Perera. Este dijo que una destilería descarga 13 millones de m3 de vinaza por día y que eso agota el oxígeno disuelto de 13 millones de m3 de agua del río. Un litro de vinaza equivale a la descarga cloacal de un ser humano cada día. ¿Cuán dañino es esto? No lo sabemos. En su exposición del jueves en la jornada por el día mundial del medio ambiente, el ingeniero Miguel Morandini, de la Estación Experimental (Eeaoc), destacó que la Secretaría de Medio Ambiente, junto a la Eeaoc, fueron atenuando la descarga de vinaza, desechos del citrus y cachaza al río desde 2011 (programa de reconversión indiustrial, PRI, que rige desde 2007). Pero el secretario de Medio Ambiente, Alfredo Montalván, reconoció que se está trabajando sobre el desafío que implica el aumento del corte de etanol -se supone que en algún momento podría llegar al 20%-. Y los funcionarios, según dijo en esa misma jornada el ingeniero Mauricio Lisa (que habló sobre la eficiencia en la gestión pública ambiental), están tironeados entre el pragmatismo -que es funcional a las presiones de los grupos económicos- y el ideal de la eficacia práctica.
Seis problemas
La contaminación del agua es uno de los problemas de Tucumán. Hay otros que afrontar: la provisión de agua potable, los servicios de saneamiento cloacal, el agua para riego e industrias (representa el mayor consumo en la provincia), las inundaciones y la erosión y los problemas de las instituciones, según reseñó Adler.
El consumo de la población ocupa el 18% del agua. No sólo hay elevado consumo domiciliario (500 litros por habitante por día, cuando los valores internacionales están entre 250 y 300) sino que también hay frecuentes pérdidas en las redes. “En Tucumán hay redes viejas, pero muchas otras son nuevas, han sido construidas en los últimos años y se han hecho mal”, dijo Adler. Yerba Buena es un ejemplo de esto último y la avenida Aconquija a la altura del Mástil es dramática: siempre llena de agua barrosa. El agua también tiene problemas de contaminación en las redes de distribución “y el mayor prestador, la SAT, no da respuestas satisfactorias a los usuarios”, explicó el ingeniero.
En este sentido, el mayor reclamo de los usuarios suele ser por pérdidas de agua y derrames cloacales. Y aunque se reconoce que en la última década es cuando más obras de saneamiento se han hecho en mucho tiempo, la mala calidad de ellas es un problema de fondo. “Las cloacas mal hechas no se pueden volver a hacer y sólo podrían aliviarse con desagües pluviales... pero la ciudad de Tucumán tiene apenas el 18% de su superficie abastecida por pluviales”, agregó.
Al hablar del agua para riego, destacó que este se lleva alrededor del 68% de la provisión -se riegan 66.000 hectáreas- y la mayoría de los canales son acequias -no revestidas- y pierden mucha agua, en algunos casos hasta el 50%.
Rompiendo la máquina de producir agua
Lo que más ha impactado en el problema del agua han sido las inundaciones en general y el desastre de Yerba Buena en particular, donde la acción antrópica ha llevado a todo el ecosistema a una crisis casi terminal, a tal punto que el actual intendente, Mariano Campero, suspendió todos los proyectos de construcción que había autorizado a mansalva en los últimos ocho años su antecesor, Daniel Toledo, quien ya había sufrido críticas el año pasado a raíz del desastre ambiental generado en la “Ciudad Jardín”. El ingeniero José Domián -que puso énfasis en advertir sobre la deforestación y en la extracción de áridos- dijo que “Yerba Buena es el ecosistema que más transformaciones y degradaciones está teniendo en 40 y tantos años” y que “estamos destrozando el cerro San Javier, que es una máquina para producir agua”. Fue drástico al insistir en que no se hace retención de agua en el cerro, que se están contaminando los acuíferos y que el hecho de que en Yerba Buena proliferen los cementerios jardín debería al menos generar inquietud por la contaminación química de las napas.
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http://www.lagaceta.com.ar/nota/684824/opinion/obras-hidricas-abuelos.html
Diez organismos dispersos
Este tema del agua en concreto fue objeto de análisis el miércoles pasado en la Federación Económica de Tucumán. No estuvo ningún ministro ni funcionario de alto rango para explicar por qué en Tucumán hay 10 organismos dedicados al agua y ninguno tiene poder de policía ni entidad suficiente como para imponer una política hídrica (tal como planteó en su disertación el ingeniero civil Franklin Adler), ni para decir qué pasará con la mayor cantidad de vinaza que se tirará al río Salí con el aumento del corte de etanol, tema sobre el que expresó preocupación el ingeniero agrónomo Jorge Perera. Este dijo que una destilería descarga 13 millones de m3 de vinaza por día y que eso agota el oxígeno disuelto de 13 millones de m3 de agua del río. Un litro de vinaza equivale a la descarga cloacal de un ser humano cada día. ¿Cuán dañino es esto? No lo sabemos. En su exposición del jueves en la jornada por el día mundial del medio ambiente, el ingeniero Miguel Morandini, de la Estación Experimental (Eeaoc), destacó que la Secretaría de Medio Ambiente, junto a la Eeaoc, fueron atenuando la descarga de vinaza, desechos del citrus y cachaza al río desde 2011 (programa de reconversión indiustrial, PRI, que rige desde 2007). Pero el secretario de Medio Ambiente, Alfredo Montalván, reconoció que se está trabajando sobre el desafío que implica el aumento del corte de etanol -se supone que en algún momento podría llegar al 20%-. Y los funcionarios, según dijo en esa misma jornada el ingeniero Mauricio Lisa (que habló sobre la eficiencia en la gestión pública ambiental), están tironeados entre el pragmatismo -que es funcional a las presiones de los grupos económicos- y el ideal de la eficacia práctica.
Seis problemas
La contaminación del agua es uno de los problemas de Tucumán. Hay otros que afrontar: la provisión de agua potable, los servicios de saneamiento cloacal, el agua para riego e industrias (representa el mayor consumo en la provincia), las inundaciones y la erosión y los problemas de las instituciones, según reseñó Adler.
El consumo de la población ocupa el 18% del agua. No sólo hay elevado consumo domiciliario (500 litros por habitante por día, cuando los valores internacionales están entre 250 y 300) sino que también hay frecuentes pérdidas en las redes. “En Tucumán hay redes viejas, pero muchas otras son nuevas, han sido construidas en los últimos años y se han hecho mal”, dijo Adler. Yerba Buena es un ejemplo de esto último y la avenida Aconquija a la altura del Mástil es dramática: siempre llena de agua barrosa. El agua también tiene problemas de contaminación en las redes de distribución “y el mayor prestador, la SAT, no da respuestas satisfactorias a los usuarios”, explicó el ingeniero.
En este sentido, el mayor reclamo de los usuarios suele ser por pérdidas de agua y derrames cloacales. Y aunque se reconoce que en la última década es cuando más obras de saneamiento se han hecho en mucho tiempo, la mala calidad de ellas es un problema de fondo. “Las cloacas mal hechas no se pueden volver a hacer y sólo podrían aliviarse con desagües pluviales... pero la ciudad de Tucumán tiene apenas el 18% de su superficie abastecida por pluviales”, agregó.
Al hablar del agua para riego, destacó que este se lleva alrededor del 68% de la provisión -se riegan 66.000 hectáreas- y la mayoría de los canales son acequias -no revestidas- y pierden mucha agua, en algunos casos hasta el 50%.
Rompiendo la máquina de producir agua
Lo que más ha impactado en el problema del agua han sido las inundaciones en general y el desastre de Yerba Buena en particular, donde la acción antrópica ha llevado a todo el ecosistema a una crisis casi terminal, a tal punto que el actual intendente, Mariano Campero, suspendió todos los proyectos de construcción que había autorizado a mansalva en los últimos ocho años su antecesor, Daniel Toledo, quien ya había sufrido críticas el año pasado a raíz del desastre ambiental generado en la “Ciudad Jardín”. El ingeniero José Domián -que puso énfasis en advertir sobre la deforestación y en la extracción de áridos- dijo que “Yerba Buena es el ecosistema que más transformaciones y degradaciones está teniendo en 40 y tantos años” y que “estamos destrozando el cerro San Javier, que es una máquina para producir agua”. Fue drástico al insistir en que no se hace retención de agua en el cerro, que se están contaminando los acuíferos y que el hecho de que en Yerba Buena proliferen los cementerios jardín debería al menos generar inquietud por la contaminación química de las napas.
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http://www.lagaceta.com.ar/nota/684824/opinion/obras-hidricas-abuelos.html
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