Miles de personas salen a la calle por segunda noche consecutiva mientras el Gobernador Alperovich, que controla la provincia hace 12 años, dice que no sabe quién ordenó golpear
Por Carlos E. Cue, Publicado en EL PAIS, 26/08/2015
Miles de ciudadanos de Tucumán volvieron a tomar la Plaza de la
Independencia de San Miguel de Tucumán, frente a la Casa de Gobierno,
para exigir por segunda noche consecutiva, y con más fuerza y más gente
que el día anterior, unas elecciones limpias. Esta vez no hubo represión
policial y la gente se quedó horas, cada vez en mayor número,
protestando con cánticos, caceroladas y bombos.La protesta no hace más
que crecer para exigir unas nuevas elecciones, algo que los actuales
gobernantes, vencedores según el escrutinio provisional, rechazan de
plano.
Las imágenes de la represión policial de las protestas en Tucumán después de unas polémicas elecciones que ganó quien lleva en el poder 12 años han provocado una enorme polémica en Argentina, un país poco acostumbrado a que la policía golpee a manifestantes. Tan duras fueron, que incluso el propio Gobernador, José Alperovich, que controla con mano de hierro esta provincia desde 2003, se ha desvinculado y asegura que no sabe quién dio la orden de reprimir.
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Mientras la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, aliada estos
12 años del gobernador Alperovich, se refugiaba de nuevo en el silencio,
como sucedió en plena crisis de las inundaciones de Buenos Aires,
Alperovich recibía duras críticas de sectores cercanos al kirchnerismo.
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El Gobierno insiste en que las elecciones fueron "normales". Alperovich llegó a decir que "ojalá se abran todas las urnas" para comprobar la victoria de que él ha designado como sucedor, Juan Manzur, por 14 puntos. "Los que tienen miedo a abrir son los que han hecho trampa, nosotros no hemos hecho trampa", insistió. Sin embargo insistió en que no depende de él sino de la justicia electoral. MIentras, el director nacional electoral, Alejandro Tullio, aseguró que "quemar urnas no es fraude porque no altera el resultado, se tienen que hacer las elecciones complementarias y ese resultado se suma al anterior; es otro delito pero no fraude".
Tucumán se ha convertido en el epicentro de la campaña para las elecciones argentinas con una imagen inédita en este país: miles de manifestantes concentrados durante horas a la puerta de la Casa de Gobierno, en la plaza de la Independencia, la principal de San Miguel de Tucumán, exigieron el lunes por la noche que se repitan las elecciones ante el fraude generalizado detectado. Después de unas horas en las que iba aumentando el número de manifestantes concentrados en la plaza, con una imagen transmitida en directo por televisión a todo el país que recordaba más bien a otras protestas en regímenes no democráticos, el Gobierno de José Alperovich, que lleva 12 años en el poder con mano de hierro, decidió reprimir con dureza la protesta.
Hubo carreras, durísimas cargas policiales a caballo y a pie, gases lacrimógenos, pelotas de goma y varios heridos. En juego está la gobernación de Tucumán, una provincia que tiene un presupuesto de 3.000 millones de dólares que Alperovich y los suyos controlan a su antojo y ahora, si no se repiten las elecciones, cosa poco probable, gestionará su sucesor, Juan Manzur.
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El asunto de la represión policial, habitual y casi asumida en otros países, es especialmente sensible en Argentina desde 2001, cuando el presidente Fernando De la Rúa tuvo que abandonar en helicópero la Casa Rosada (sede del Gobierno) después de una feroz represión que acabó con 28 muertos. Desde entonces, es casi tabú. Los Kirchner han dado órdenes expresas a la policía para que no reprima nunca a los manifestantes salvo casos muy extremos. ......
Las imágenes de la represión policial de las protestas en Tucumán después de unas polémicas elecciones que ganó quien lleva en el poder 12 años han provocado una enorme polémica en Argentina, un país poco acostumbrado a que la policía golpee a manifestantes. Tan duras fueron, que incluso el propio Gobernador, José Alperovich, que controla con mano de hierro esta provincia desde 2003, se ha desvinculado y asegura que no sabe quién dio la orden de reprimir.
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A medianoche los concentrados no hacían
más que crecer y algunos se animaban a subir las escaleras de la Casa de
Gobierno en un ambiente de enorme tensión
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El Gobierno insiste en que las elecciones fueron "normales". Alperovich llegó a decir que "ojalá se abran todas las urnas" para comprobar la victoria de que él ha designado como sucedor, Juan Manzur, por 14 puntos. "Los que tienen miedo a abrir son los que han hecho trampa, nosotros no hemos hecho trampa", insistió. Sin embargo insistió en que no depende de él sino de la justicia electoral. MIentras, el director nacional electoral, Alejandro Tullio, aseguró que "quemar urnas no es fraude porque no altera el resultado, se tienen que hacer las elecciones complementarias y ese resultado se suma al anterior; es otro delito pero no fraude".
Tucumán se ha convertido en el epicentro de la campaña para las elecciones argentinas con una imagen inédita en este país: miles de manifestantes concentrados durante horas a la puerta de la Casa de Gobierno, en la plaza de la Independencia, la principal de San Miguel de Tucumán, exigieron el lunes por la noche que se repitan las elecciones ante el fraude generalizado detectado. Después de unas horas en las que iba aumentando el número de manifestantes concentrados en la plaza, con una imagen transmitida en directo por televisión a todo el país que recordaba más bien a otras protestas en regímenes no democráticos, el Gobierno de José Alperovich, que lleva 12 años en el poder con mano de hierro, decidió reprimir con dureza la protesta.
Hubo carreras, durísimas cargas policiales a caballo y a pie, gases lacrimógenos, pelotas de goma y varios heridos. En juego está la gobernación de Tucumán, una provincia que tiene un presupuesto de 3.000 millones de dólares que Alperovich y los suyos controlan a su antojo y ahora, si no se repiten las elecciones, cosa poco probable, gestionará su sucesor, Juan Manzur.
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El asunto de la represión policial, habitual y casi asumida en otros países, es especialmente sensible en Argentina desde 2001, cuando el presidente Fernando De la Rúa tuvo que abandonar en helicópero la Casa Rosada (sede del Gobierno) después de una feroz represión que acabó con 28 muertos. Desde entonces, es casi tabú. Los Kirchner han dado órdenes expresas a la policía para que no reprima nunca a los manifestantes salvo casos muy extremos. ......
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/25/actualidad/1440471841_537397.html
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