Publicado en LA GACETA, por Gustavo Rodríguez, 26 de Enero 2015
Salta le gana por goleada a Tucumán también en la pesca. No sólo
porque tiene una clara política de Estado que toma al deporte como
una herramienta más para atraer al turismo, sino que además apuesta
por cuidar los recursos y declararle la guerra a los furtivos que
depredan cada vez más sus ríos.
MOVIDA. Los salteños comenzaron a escrachar a los pescadores que hacen daños en los ríos.
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En Santiago del Estero algo intenta hacer. Sigue protegiendo al dorado, pero los controles son pocos e ineficientes. En un lugar tan popular como lo son los piletones de Termas de Río Hondo, aún se observa a furtivos llevándose bolsadas de sábalos.
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Tucumán, en cambio, pareciera ser tierra de nadie. El Estado invierte una importante cantidad de dinero para la reproducción de pejerreyes -es un ejemplo a nivel nacional lo que realiza Flora y Fauna- y en la crianza de otras especies, pero destina muy poco para el cuidado de los recursos naturales.
El control está a cargo de los casi 100 efectivos de la Dirección de Delitos Rurales y Ecológicos, que cuenta con equipos mínimos para luchar contra el cuatrerismo, la tala, la contaminación, el cuidado del patrimonio arqueológico, mantener en salvo las especies que se encuentran en peligro de extinción y perseguir a los cazadores y pescadores furtivos. Flora y Fauna colabora con dos guardapescas mujeres que, en gran parte del años, están abocadas a controlar que las industrias tucumanas no contaminen.
Los pescadores tucumanos tampoco ayudan. En esta provincia esperan con desesperación que los ríos crezcan. No lo hacen pensando que los peces podrán iniciar así su ciclo reproductivo, sino que no ven las horas de poder tirar sus redes o diezmar la población de sábalos pescando al toque. Ni hablar de aquellos que publican fotos de los dorados que sacrifican a pesar de que saben que en nuestra provincia no se los puede matar.
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